martes, 19 de enero de 2016

Falla de San Andrés.
A primera vista, las calles de Taft, en el centro de California, no se diferencian de las de cualquier otra ciudad estadounidense. En las amplías avenidas, flanqueadas por casas y jardines, hay automóviles estacionados y faroles situados a intervalos regulares. Una mirada más atenta revela que los faroles no están alineados, y que hay calles que se retuercen como si sus extremos fueran atraídos en sentidos contrarios.

Estas extrañas distorsiones se deben a que, como muchas urbes de California y una parte de la vía rápida de la bahía de San Francisco, Taft se erige sobre la falla de San Andrés, fractura de la corteza terrestre que atraviesa 1.050 km del territorio continental de E.E.U.U.

Una faja que se extiende de la costa norte de San Francisco al Golfo de California y que se hunde 16 km en la tierra marca el punto de encuentro de dos de las 12 placas tectónicas en las que se asientan océanos y continentes. Con un grosor promedio de 100 km, estas placas están en constante movimiento, pues flotan en la capa fluida del manto interno de la Tierra, empujándose una a la otra con enorme fuerza al cambiar de posición y deslizarse. Cuando chocan directamente, el impacto produce gigantescas cadenas montañosas, como los Alpes y los Himalaya. Pero las circunstancias que rigen la falla de San Andrés son muy diferentes.


Fue la causante del devastador terremoto de 7,8 grados que destruyó gran parte de San Francisco en 1906, provocando la muerte de más de 3.000 personas.

La que más preocupa a los científicos es la sección sur de la falla, en la que no se ha producido un sismo en cerca de 300 años, pese a que los registros geológicos indican que es la causante de un gran terremoto con una periodicidad de unos 150 años.

Los cálculos más conservadores apuntan a que, de producirse un temblor de magnitud 7,8 en la escala de Richter en esa sección -que tendría un impacto directo en Los Ángeles, la segunda ciudad más poblada de E.E.U.U. cerca de 2.000 personas morirían y habría más de 50.000 heridos. Los daños materiales superarían los $200.000 millones.

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